Estaba un sabio sentado a la sombra de un almendro, relajado, sin hacer nada de nada, simplemente contemplando, cuando se le acercó un loco que también era sabio, pero al que su locura ponía trabas a todo.
Los dos sabios entablaron conversación, cada uno con su iluminación. Conversaban sin escucharse porque el loco y el contemplativo nada tienen que decirse, porque no piensan igual, pero no se importunaban en absoluto. Los dos adoraban la libertad de igual manera y eran incapaces de tomar partido por lo ajeno.
Entonces llegó un político, que no era sabio, solo era político, y les recrimino que tuvieran aquella conversación que no entendía y que no llevaba a nada.
Los dos sabios dejaron de conversar y se dirigieron hacia el para decirle: «Cuando la madera de sándalo y los excrementos sean iguales a tus ojos habrás ganado en sabiduría, y sabrás que todas las cosas no son nada más que una»

No entiendo esta alienación que barre la tierra, este sinsentido atribulado que mece la cuna del conformismo terminal. Nos hemos dejado domeñar indignamente, vivimos presos de nuestro propio miedo, hemos perdido la libertad. Somos seres sin rostro vagando en medio de la tristeza de un mundo apocalíptico…, sin solución. ¿Que nos está pasando? ¿Porque una nueva realidad? ¿Porque súper héroes de carne y hueso? Dejadme seguir soñando, solo pido eso, y, que mi libertad sea yo quien la administre. Falsos profetas cargados de inverecundia intentan guiarnos hacia el precipicio, está escrito. ¿A quién creer si todos mienten? Prefiero adorar la luna llena en la soledad de un desierto esperando la llegada de Superman para recuperar mi rostro. Me fio de mis sueños, y sé que al despertar todo habrá acabado.