Paseaba por el centro, triste como una marmota de turbia alcoba, cuando se paró frente a un escaparate de confitería. Los dulces merengados eran su debilidad, pero estaba mas tiesa que la mojama. Metió la mano en el bolsillo y rascó con sus dedos el fondo a punto de perforarlo, no saco nada, solo pelusilla. Cogió entonces una piedra con la intención de romper el cristal del escaparate… Su corazón comenzó a latir con fuerza, miro a todos lados, no la veía nadie, dio la espalda al dulce, camino unos metros, se encaramo a la barandilla y voló al vacío.
Dulce vida
16 viernes May 2014
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