— ¡He visto Leónidas!— Parrafeo incómodo para ganarse el interés de los presentes, pero recibió el silencio por respuesta, y el suspense se apodero del momento, mientras las velas amenazaron con apagarse al recibir la ráfaga de corriente provocada por el impetuoso perturbado. Los demás le miraron al unísono, solo una vez, y volvieron la vista al muerto. Alguien exclamó aburrido: — ¡dejadle, en sus uñas se adivina el rejalgar…!— Aquel les maldijo, y alzando la vista al cielo, acusó a las estrellas de su infortunio volviendo a ocupar su sitio en el maloliente vertedero.
Resignación sin deseo
11 domingo May 2014
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