Desde el privilegiado lugar que ocupa mi atalaya hacia el levante, mientras siento el ímpetu del viento refrescar mi desnuda espalda, observo con aburrimiento un paseo entre carreteras. Oprobo desacierto humano que se mitiga con la cerrada sombra de unos garroferos mal podados. Hasta ayer mismo, no había lugar para el descanso ¡Acaban de poner los bancos! Nadie aún los ha estrenado. ¡Quizás sea pronto! O quizás extrañe su presencia, y el inútil hecho de su existencia, pero, de todos modos…¡Gracias!
El Paseo de los garroferos
05 domingo Oct 2014
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