Rancio caminante, que deambulas como un solitario sobre el magma caótico de la existencia, busca el oráculo que aún no te has ganado para dejar de ser un peripatético fracasado de ancha espalda que todo  lo carga; un tabernario de vino barato y razón baja. ¡Despierta de tu docto sueño! Que la utopía no es dogma… Haz que tu hartazgo, varado a la sombra de la vaguedad, estalle en mil somatizaciones  que desemponzoñen esa materia viciada y disfruta de la vida, entendiendo, que no es posible separar lo divino de lo humano.