En el lindero, junto al mojón de piedra manchado, como por un ciquitraque de pólvora enrojecida, yacían con el cráneo abierto en canal dos víctimas de un ajuste eviterno. Aquel cipote, ara donde jamás se sacrificó un borro, estaba en seria disputa: a un lado el honor, al otro la justicia y, en medio, la piedra filosofal. Se batieron los zangones sin lenidad, al estilo cabrío, cabeza contra cabeza. Y aquel absurdo código de limpieza, aseguro a la piedra mil años mas de existencia.
Cabeza contra cabeza
26 domingo Abr 2015
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