Súper Graciano, podría ser ese hombre perdulario, poco agraciado, de aspecto raído y zancarrón, cargado de defectos, cuyo enfermizo ego disimularía confuso bajo el peso de su inmensa fortuna personal. Salido de una clase sin media, monopolizaría la patente de un inquietante muñeco de vudú —con Wi-Fi, y  Bluetooth incorporados—, top de ventas entre los frikis, y, una legión de insensatos, desocupados, sucumbirían a la adicción hasta el extremo de agrupados en gremio, crear una  liga de competición mundial, solamente para adorar a Súper Graciano, el contrahecho, el vacuo… el muñeco de vudú.