Plena de sentimientos ocultos, cerró los ojos, mientras aquella melodía se colaba ondulante y suave como el susurro de una nube de algodón, penetrando hasta la trastienda de su roída autoestima. Sin explicación aparente se dejó llevar por aquel mensaje de amor y levitó hasta sentir que cada vez estaba más fuerte. —¿Estoy encontrando el camino? — se dijo. Y dejó una puerta abierta al espacio universal. La sensación de haber conectado con una fuerza superior le trajo la paz y pudo cortar el cordón de aquella dependencia. La liberación le hizo sentirse parte de una unidad más grande, y sus atribulaciones larvadas, perecieron al compás de la música de Roberto Carlos.