A cuatro patas sostengo la mirada fija en el vacío del acantilado. Las olas baten bravías contra la negra, puntiaguda y escarpada roca, mientras el viento cargado de arenas claras ruge ametrallando todo lo que encuentra a su paso. Las gaviotas, con sus alas desplegadas en vuelo sin motor se mecen altivas y desafiantes. Sus graznidos amplificados por el viento provocan repeluznos para nada esperados por el populacho, que a barruntar compite observándome desde la distancia.
— ¡Él se lo ha buscado!
— ¡¿No, porque?!
—¿De qué va esto?
—¡Cuidado!
Acusación, negación, despropósito, sorpresa, especulación… La borrosidad impera, el tiempo avanza inclemente y los ojos me gorgotean lágrimas de sangre, he iniciado el vuelo. Atrás quedáis malditos culpables de mi desdicha, como orates gozando de esta farsa… ¡Sois muchedumbre!
Sacrificio absurdo
12 sábado Mar 2016
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