Baje del avión y dos leones se inclinaron ante mi. Recele de ellos, no me fie, porque sus ojos enrojecidos no podían ocultar la falsedad del que se comporta sumiso, contrario a su fiereza. Intente pensar: «no soy su dueño, ni su domador, ni su amigo… No les conozco de nada, y han venido a recibirme, ¿porque?». Un repentino viento huracanado cargado de partículas de polvo hizo acto de presencia invadiendo la pista de aterrizaje. La visibilidad se hizo imposible y los perdí de vista. Solo fueron unos segundos hasta que el viento pasó y la claridad volvió, pero… los había perdido de vista: a los leones, el avión, el aeropuerto, todo se lo había llevado el viento. Solo quedaba yo, con los pies desnudos sobre una tierra roja, reseca, y polvorienta, que se extendía mas allá de donde me alcanzaba la vista. Comencé a caminar… hacia donde?
Hacia donde?
27 domingo Nov 2016
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