Apelo al cuerpo… Ese traje prestado al alma, que la vida deteriora sin compasión. Ese arma mortal que transmite dolor material… Apelo a el, para que no se rinda, para que sea capaz de resistir tanta agresión absurda… Del alma, no quiero nada, lo tengo todo: sensaciones, sentimientos, que de mi conciencia fluyen con serenidad… No es vejez, ni dolor, ni soledad… No se bien lo que pasa, pero sueño que crezco, y no paro de crecer hasta superar las nubes en mi camino hacia el infinito, porque en mi huida, una maraña de ramas me aprisionan las piernas impidiéndome escapar… Fatal desenlace; cuando abra los ojos y encuentre a Margaret, observándome tiernamente mientras apura un cigarrillo, no sabre como explicarle.