Se trataba de un cretino con espolones de gallo de trifulca. Estaba aquel tipo encaramado en un andamio, amenazando con arrojarse al vacío si no se atendía su demanda. Parecía un orate sin remedio, solo gritaba estupideces: exigía secretear con cierto miembro de una secta que le había prometido vivir una nueva vida en el cosmos. Uno de los viandantes que le observaban, saco una cerbatana y le administró una dosis de curare. El cretino, sintió una picadura de mosquito en el cuello. El pequeño dardo del tamaño de un alfiler, apenas le penetro la piel y cayo rebotado. El cretino ceso las amenazas, miró a su alrededor y cayó del andamio al vacío, estrellando su cara contra el suelo. Los observantes, todos menos uno, abandonaron el lugar con prisas para no tener que dar explicaciones de lo visto. El que se quedó, que era el mismo que le había disparado con la cerbatana, se acercó al cuerpo aún vivo del cretino para susurrarle: «siempre cumplo lo que digo, ya vas camino del cosmos, cretino».
Hacia el cosmos
01 jueves Dic 2016
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