Los siento pero ni el güisqui ayuda: hubo perdido el rumbo, no se reconoció, no se comprendió, no dejo huella. La lluvia nunca mojo sus lacrimales, fue incapaz de llorar ¡Maldita sea! ¿por que? Lo tuvo todo y no le valió para nada. Como le hubiese gustado ser dueño de su destino, pero su cobardía se lo impidió. Perdió la fe por salvarse aunque no era creyente y la botella solo daba para un ultimo trago -insuficiente a todas luces-. Tuvo que aventurarse y embarcar en un pontón para buscar la suerte al otro lado del rio. Allá donde se pierde la conciencia y reina el silencio.
Perdido
02 lunes Ene 2017
Posted in Microrrelatos