Se aprestaba a escamujar el olivo que tenia frente a su casa, cuando fue sorprendido por una multitud que procesionaba. Al frente un dipsomaniaco que, botella en mano, se desgañitaba desafiante. Detrás, los que le precedían, reclamaban derechos y mejoras de contenido utópico… «Quimérica pretensión», pensó el que observaba… Y Tras el ultimo ocioso, dos coches cerraban el cortejo. Miró el serrucho, escamado por el oxido, y se volvió a su casa. Languidecía la tarde cuando envuelto en su penuria el viejo olivo agradecía su suerte.
Sin huella
09 domingo Sep 2018
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