Apelando al órdago que mi mente viajera, vierte al silencio de la soledad que me embarga, quiero dar un vuelco a mi vida, y enfrentarme a esta sociedad perdida. Que vive embobada al son de los tambores que marcan el camino hacia la mediocridad. No más vida impregnada de falsos valores…, no más ambigüedad. Ni sospechosa venta de felicidad. ¡Que suenen las trompetas de la libertad! Rompamos las cadenas de este sufrido parto, que el fuego ya no quema, y dejemos que la fragua de Vulcano elabore mazapanes para Navidad.