Casualidad… Encontrarme con un pipero que antaño velaba la puerta del cine en busca de un complemento semanal, a su discreto jornal de yesero. Ahora se había convertido en latiguero, con puesto en mercados. Le iba mejor, según supe, pues había recibido un nuncupatorio otorgado por el antípoda y cavernícola de su tío, el emigrante. Que en paz descanse.

La vida le había cambiado el carácter proceloso, ya no exhibía la seriedad malhumorada de antaño. Su sonrisa burlona, escondía no obstante la carga de hiel amarga de su maltrecho hígado. Le cogí despreocupado, con la guardia baja, y me bastó una profunda mirada al interior de sus ojos como recompensa. Luego le aseste una mortal puñalada. Se dobló levemente y, sin dar siquiera un quejido, me sostuvo la mirada intentando procesar lo inesperado. No tardo en iluminarse el túnel de la nada, y maldije aquel encuentro incogitado.